Moverse en libertad I: Introducción

Conocí el movimiento en libertad de Emmi Pikler de casualidad, deambulando con mi bebé en sus primeros días por los centros y tiendas de crianza. Moverse en libertad era algo que me parecía obvio y tenía claro que eso era lo que yo estaba facilitando a mi bebé, y me apunté al curso de Rocío Alba Peña casi que para confirmarlo. El primer ejercicio práctico que realizamos me lo desmontó todo. Qué difícil es desprenderse de la actitud enseñante, y qué molesto y paralizante recibir ayuda que no necesitas.

Aunque al final de su vida María Montessori se volcó sobre la investigación de la primera infancia y el desarrollo del niño en la etapa embrionaria dejando textos maravillosos, es cierto que la mayor parte de su escritos hacen referencia a etapas de desarrollo posteriores a los tres años. Me sorprendió descubrir cómo encajan estas dos pedagogías y cómo, aún siendo  distintas, las dos buscan la conquista de la autonomía del niño, siendo el movimiento en libertad de Pikler específica para la relación con el bebé desde el momento de su nacimiento. En ambas es primordial el trabajo del adulto consigo mismo en su rol de acompañante, y en ambas el respeto al interés y la iniciativa del niño, la guía. En la pedagogía Pikler, además, el cuerpo del niño, la escucha total de sus movimientos, gestos, sonidos, adquiere una importancia primordial y requiere un respeto absoluto para no cohibir esas señales innatas para la comunicación que son la base del vínculo niño-adulto y de la concepción de sí mismo del niño. Otra vez, el mayor esfuerzo que debe hacer es adulto es el de vaciarse, estar presente, aguantar las ganas de enseñar y de estimular, y no interrumpir. Con los bebés, crear más dependencia de la que necesita en cada periodo, puede ser la diferencia entre el desarrollo de niños activos o pasivos.

Si buscáis en internet podéis encontrar mucho material sobre la pedagogía Pikler en conferencias y vídeos, pero todo lo esencial está en su libro MOVERSE EN LIBERTAD: DESARROLLO DE LA MOTRICIDAD GLOBAL, que os recomiendo porque, además de ser la fuente original, es muy claro y conciso.

17pikler1_libro

Para mi fue todo un descubrimiento, y aunque he de reconocer que no lo he aplicado de manera estricta, sí me ha servido para replantearme cuestiones básicas sobre cómo nos relacionamos los adultos con la fragilidad y la energía desbordante de un bebé, y tener una guía para estar a la escucha y amoldarme con suavidad a sus necesidades desde el respeto y el afecto sin coartar su libertad.

Con este comienzo una serie de posts es los que os contaré qué he ido descubriendo en las lecturas, conferencias y talleres sobre el desarrollo de la motricidad global de Emmi Pikler. De todo lo aprendido me gustaría recopilar aquellos saberes que podemos aplicar en nuestra vida cotidiana e integrar en la crianza. Y todo comienza por aprender a escuchar lo que el bebé nos dice con su movimiento.

¿Quién es Emmi Pikler y qué aporta su método?

Emmi Pikler, pediatra que estudió en Hungría, Austria e Italia, trabajó en el ámbito de la cirugía infantil y muy pronto comenzó a investigar cómo afecta la intervención del adulto en en el desarrollo motor del niño. Durante más de 30 años (de 1946 a 1979) dirigió el Instituto Metodológico de Educación y Cuidados de la Primera Infancia (Instituto Loczy) de Budapest, un organismo creado para bebés que requerían cuidados prolongados fuera de sus familias. El hospitalismo es un fenómeno que afecta a los bebés  y niños pequeños que son criados en instituciones, se vuelven apáticos, indiferentes y dejan de mostrar interés por el mundo exterior. Su desarrollo intelectual, afectivo y motor se ve mermado. Fue en este contexto donde desarrolló su estudio sobre la motricidad global y el movimiento en libertad para evitar los efectos del hospitalismo y asegurar las condiciones de un desarrollo adecuado a sus necesidades funcionales y afectivas. Antes de este estudio no había bibliografía especializada sobre el proceso de desarrollo motor del bebé sin intervención directa del adulto.

En el bebé los movimientos son las únicas manifestaciones psicológicas que se pueden observar, son diversos y corresponden a la expresión de diferentes funciones y necesidades. La limitación, insistencia, prohibición o adiestramiento de  movimientos, inevitablemente se ve reflejado en el desarrollo psicológico afectivo de los niños. Por otro lado no se conocen casos de niños sanos que no hayan aprendido, llegado su momento, a desplazarse por sí mismos o adquirir cualquiera de los movimientos que en la edad adulta se consideran normales. Entonces, ¿necesitan los niños que les enseñemos a alcanzar cada uno de los hitos del movimiento que por sí mismos van a alcanzar? Acostarles sobre la panza para fortalecer la espada, mantenerles sentados con cojines, darles la mano para animarles a caminar… ¿Es necesaria esta intervención de los adultos? ¿Aporta algo positivo? ¿Y negativo? Emma Pikler al inicio de su estudio partía de la idea de que las posturas que el niño alcanza voluntariamente, por su propia iniciativa, cuando sus órganos están preparados para ello, son el resultado de la coordinación global de las distintas partes del cuerpo implicadas que ya han alcanzado su maduración y están dispuestas con una intención concreta, y esta coordinación es algo que no puede darse si  el adulto hace que el niño adopte tal o cual postura mediante el apoyo directo o la ayuda de algún instrumento. Cuando ocurre de manera no coordinada, ocurre también de forma rígida, los movimientos se producen con tensiones perjudiciales para el desarrollo postural armonioso del niño. Es decir, los niños que aprenden espontáneamente sus movimientos sin que el adulto les “ayude” a adoptar cada postura (mantenerse sentado, caminar…) lo hacen de manera más armoniosa, y sin tensión.

17pikler1_post_sin

¿Entonces en qué consiste este método? 

Principalmente en no obstaculizar los movimientos libres del bebé, no apresurar o cambiar el curso normal de sus desarrollo mediante la intervención directa. Esto incluye también no inmovilizar al niño colocándolo en posturas de las que no sabe salir por sí mismo (un bebé que no ha aprendido a girar sobre sí mismo, si le damos la vuelta no podrá volver a su postura confortable, quedará inmovilizado en esa postura hasta que el adulto quiera. De la misma manera un niño que no se ha sentado por sí mismo, al sentarlo el adulto, queda en una posición que no puede gestionar por sí mismo).  Además, y esto es casi lo más importante, se debe asegurar al niño todas las condiciones materiales que permitan su desarrollo motriz global en libertad, para que su propia iniciativa le oriente en el ejercicio de movimientos autónomos y espontáneos: ropa adecuada, suelo firme, espacio diáfano con pocos objetos pero adecuados… Y todo esto implica una atención focalizada en la manera en la que como adultos nos relacionamos con el niño, lo cual afecta al vínculo afectivo que creamos con él.

En los siguientes posts veremos qué necesidades materiales requiere el método, cuáles son los hitos del desarrollo fisiológico motor sin intervención directa del adulto, y cuál es el papel del adulto como acompañante o facilitador de este proceso.

Para acabar este os resumo algunas de las conclusiones del estudio de la doctora Pikler sobre la motricidad global en sus años de investigación en el Loczy:

  1. Cuando las relaciones del niño con el adulto son satisfactorias se dan las condiciones para el movimiento libre como respuesta a la iniciativa del niño, el desarrollo de sus movimientos aparece regularmente, sin retrasos notables, sin intervención directa, docente o prohibitiva del adulto.
  2. Cuando esto se da así, entre cada uno de estos movimientos que van desde volverse tumbado hacia abajo hasta conquistar la marcha estable, aparecen otros movimientos intermedios, transitorios, paralelos a la maduración del sistema nervioso, que poseen una importancia fundamental en el desarrollo motor que preparar al organismo para movimientos más evolucionados: volverse de posición dorsal a de costado, de dorsal a ventral, jugar tumbado sobre el vientre, vueltas, rodar, reptar, arrodillarse con el tronco erguido, ponerse de pie y descender.
  3. Estos otros movimientos suelen ser inhibidos por la intervención del adulto,  ya que al mantenerlo temporalmente en posiciones que no puede mantener sin ayuda exterior los imposibilita.
  4. En el curso de desarrollo tipo Loczy los bebés y niños se presentan activos y capaces de desplazarse cada vez más a menudo y durante más tiempo.
  5. A lo largo de su desarrollo, los niños que se mueven en libertad tienen oportunidad de realizar a su antojo actividades progresivamente más coordinadas, evolucionadas y autónomas, entablando por sí mismos conocimiento del entorno y deseo de moverse, lo que facilita la evolución favorable de su desarrollo emocional, intelectual y psíquico.
  6. El desarrollo motor tipo Loczy favorece las relaciones serenas y equilibradas entre niño y adulto.

 


Un comentario en “Moverse en libertad I: Introducción

  1. […] antes de tiempo, volteándolos sin necesidad…) Hace unos días leí en el blog de Marisol, Mam... montessoriconmispeques.com/web/montessori5/2016/03/03/como-si-caminar-fuera-tan-sencillo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *