Acompañar la emoción

Qué molestas son las emociones. Tienes que rendir más que nunca y la tristeza no te deja, tienes planeada una fiesta y sientes dolor, estás concentrada en tu trabajo y una alegría repentina te lleva más allá de la China en una ensoñación y lo dejarías todo para irte a bailar. En fin, siempre juegan en tu contra. Si pudiera gestionarlas para que no molesten y seguir con mi plan… Si pudiera hacer que no interfirieran tampoco en los planes de los niños, que  jugaran contentos e hicieran sus actividades concentrados… Sin rabietas, miedos absurdos ni gritos de alegría extrema… ¿No?

Este tipo de pensamientos son muy habituales. Hace unos días le contaba a una amiga que me sentía triste y no sabía bien porqué, y que como la tristeza sirve para descansar y reponer fuerzas ante una situación difícil, mejor me quedaba en casa a ver una peli y dormir. Así de redicha lo solté. Y ella,  que es un amor, me contestó que esa es la interpretación más bonita y positiva de la tristeza que había oído. Me hizo pensar. Me metí en la cama y escribí mentalmente este post.

Es verdad, hablamos muchísimo de gestionar emociones cuando lo que realmente queremos decir es eliminarlas. La mayoría de nosotros hemos crecido aprendiendo a distanciarnos de las emociones, y sabemos muy poco sobre ellas. Y como hacemos con casi todo lo que no entendemos, lo juzgamos. Etiquetamos las emociones como positivas o negativas, oportunas o inoportunas, y deseamos unas mientras evitamos o disimulamos otras. El juicio nos distancia enormemente del objeto juzgado, y las propias palabras (o pensamientos) que usamos para definirlo desde este perspectiva simplista, nos impiden entenderlo realmente.

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Acompañar la emoción, Misa Shine 2016. http://www.misashine.es

¿Existen emociones buenas y malas? Desde el enfoque de la Comunicación No Violenta, no. Esto se entiende fácilmente con el ejemplo del dolor de muelas. ¿El dolor es negativo? Cuando me duele una muela, ¿qué hago? Hay muchas opciones, pero lo más habitual es ir al dentista. Te duele una muela y no sabes qué puede ser, y buscas ayuda de alguien que sí lo sepa. Cuando se averigua cuál es el problema se le pone solución y se evita que vaya a más. Así que un dolor de muelas funciona como una alerta a ti mismo que te indica que hay algo que debes cuidar, y según la intensidad, será más o menos urgente que lo soluciones antes de que empeore. Si entiendes la alerta, das una respuesta eficaz. Si no la oyes, aquello que necesita ser cuidado (tu muela, o tu salud) va a empeorar. Por tanto el dolor de muelas no es negativo, es simplemente una alerta, un mensaje a ti mismo. El problema es que la mayoría de nosotros no hemos aprendido este idioma, no sabemos qué nos dicen las emociones. Y si no nos entendemos a nosotros mismos, ocurre el desastre cuando intentamos acompañar las emociones del otro, porque ahí sí que ya no entendemos nada.

Las emociones son alertas que piden cuidados. Para eso sirven las emociones. Es buena idea aprender a “gestionar emociones” si con eso nos referimos a escucharlas, entenderlas, y hacerlas servir de guía. Acompañar la emoción hacia el cuidado que nos demanda, y entender que ese cuidado responde a una necesidad real. Las emociones nos conectan con nuestras necesidades insatisfechas y es importante que aprendamos a escucharlas sin interferencias.

¿Qué ocurre si no entendemos el idioma de las emociones? Pues lo mismo que cuando nos hablan en chino, que respondemos lo que podemos en castellano lento, o miramos para otro lado, y que pase lo que tenga que pasar. Recuerdo con bastante frustración alguna noche adolescente en la que a pesar de estar enormemente triste, siguiendo el consejo de alguna amiga que quiso animarme, salí de fiesta. Eso siempre acaba como el rosario de la aurora porque, si cuando lo que una necesita es reponer fuerzas resulta que a la hora de dormir hace el sobresfuerzo de salir de casa, meterse en un ambiente ruidoso, beber sustancias que te mantengan despierta, y moverte mucho, el resultado, por lo menos en mi caso, es que acabas bebiendo de más, llorando por los rincones y contándole rollos a cualquiera, y al día siguiente además de una tristeza multiplicada por 10 tienes una resaca que sí te va a inmovilizar en la cama lo que quede de fin de semana.  Y esto es un malentendido tuyo con tus propias emociones, y con quien ha querido aconsejarte también. Cuando aparece una emoción, lo que mejor podemos hacer es escucharla y comprenderla.

Revisando mis apuntes de Técnico de Educación Infantil han aparecido los libros de habilidades sociales donde hay información muy interesante sobre las emociones. Es curioso que tratemos de “enseñar” estos conocimientos a la primera infancia cuando muchas veces nosotros mismos no sabemos aplicarlos. Me ha parecido pertinente rescatar esta tabla que tengo escrita a lápiz en el cuaderno sobre la función de las emociones, porque es muy clara, y tenerla a mano nos puede ahorrar más de un malentendido.

Los diccionarios, claro, dejan fuera de la definición gran parte de la realidad, pero sirven para aprender un idioma. Esta guía pueda ayudarnos a escuchar nuestras emociones mientras reaprendemos su lengua. A mí me ayuda a evitar hacer lo contrario de lo que necesito, que ya es mucho. Es el primer paso. El segundo es acompañar al otro en sus emociones. Porque resulta que los niños están aprendiendo este idioma, y necesitan que los adultos pongan palabras a lo que les pasa, para entenderlo, y para poder gestionarlo de manera autónoma. Pero como nosotros tenemos semejante lío ya con la emociones, en lugar de eso, muchas veces hacemos precisamente lo contrario: evitar hablar del tema. Si lloras porque te has caído y te duele, mira esta patatica mientras te digo que no es nada y que se te pase pronto, si estás triste te hago reír y te saco a jugar, si estás enfadado no te lo permito, si te sorprende mi bolso y quieres sacar todo lo que hay dentro para aprender, te lo cierro y te doy tu juguete de siempre. Es la respuesta natural que nos sale a casi todos, y es difícil cambiarla. Pero el lenguaje de las emociones, como cualquier otro, se aprende con práctica, y cuando se domina te abre la puertas de una realidad más rica, sin malentendidos, en la que tienes la capacidad de resolver tus problemas sin necesidad de simplemente soportarlos o pasar por encima de ellos. Y sobre todo, te da la alegría de acompañar y sentirte acompañado.

Cada emoción que acompañamos es una oportunidad de avanzar en un nuevo aprendizaje de nosotros mismos. Y si tienes intención de aprovecharlas, a veces, durante un tiempo breve, atrévete a vivir como un rollito de sushi.


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