Frases Malignas (Episodio 2)

Respeto. Quieres tratar a tu bebé con respeto, y das muchas vueltas a qué significa eso. Te esfuerzas en evitar compararle con otros bebés de su edad para no caer en en la tentación de meterle prisa, porque sabes que andará, hablará, dormirá, cuando este preparado, así que simplemente observas sus progresos. Sabes que no te vale esa manera de tratar a los niños para que hagan lo que tú quieras, para que no molesten, o para que cumplan tus expectativas,  y vas un paso más atrás, quieres que vuestra relación sea como cualquier otra relación de amor (esta aún más importante), sin esperar nada a cambio, sin exigir, acompañando, y disfrutando juntos. Sientes que es la manera de relacionarte con esa persona a quien amas, que necesita tu ayuda para casi todo, y que inevitablemente aprende de cada gesto. Llevas ese respeto a favorecer sus movimientos en lugar de limitarnos, confiando en que cada interés le llevará a descubrir algo que en este momento es vital en su aprendizaje. Haces de tu casa un ambiente seguro en el que pueda explorar libremente, con algunos estímulos que despierten su interés sin frustrarle, te colocas en un segundo plano y observas sin intervenir cuando no es necesario, y le permites participar de tu vida, sin restricciones. Sabes que aprenderá a moverse con calma en este nuevo ambiente para él si te acompaña en tu vida cotidiana, por eso come contigo, duerme contigo, pasea contigo, explora el mundo contigo… Y estás disfrutando de todo lo que ese modo de acercaros te enseña de ti, del mundo y de las relaciones.

Pero tarde o temprano llega el momento fatal en el que alguien te suelta la frase maligna:

– Nena, lo estás criando en una burbuja.

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Puede ser que te lo diga alguien por el que no sientes el más mínimo aprecio, o que incluso no conozcas de nada, porque estas cosas se sueltan así, sin reparo a entrometerse y sin esperar a que pidas opinión. Pero es posible que quien lo diga realmente te importe, sea una persona cercana o relevante de alguna manera en tu vida, con quien quieres tener una relación  que vaya más allá de la superficialidad de las opiniones, alguien que quieres comprender y que te comprenda. Y cuando llega la frase maligna, en este caso, duele, y se siente que se abre una brecha en la relación.

Lo primero que haces es parar, pausarte un poco y escuchar que pasa dentro de ti. Y encuentras un barullo de prejuicios tan grandes como el que te acaban de soltar: “¿Te digo yo a ti lo que estás haciendo con tu vida? A ver qué se cree. No me esta respetando en absoluto y por lo tanto no merece mi respeto. Le voy a soltar una frasecita yo también que se va a caer de culo. Por que vamos, hay que ser insensible para soltarle semejante perla a una persona que se está preocupando de cada detalle en la relación con su hijo, y que lo está haciendo precisamente no para separarle del mundo, sino para que crezca seguro, con la autoestima positiva y con herramientas para poder desenvolverse en cualquier situación, adaptarse al cambio y sin desconectarse de sus intereses. Hay que ser ceporro para no darse cuenta de esto. ¿O qué quieres, que como a ti la vida te trata fatal que trate yo igual de mal a mi hijo para que aprenda que el mundo es un lugar horrible y crezca asustado e impotente? ¿Eso es vivir fuera de la burbuja? Venga, vamos, no te digo lo que pienso yo de ti porque bastante pena tienes ya con la chufa de filosofía de vida que llevas como para terminar de hundirte…”

Sí, parece que todo eso está dentro de ti, y sí, todo son prejuicios, cierta forma de violencia que te va muy bien para defenderte y etiquetar pero no tan bien para comprender a la otra persona ni hacer que te comprenda. Así que, respiras otra vez e intentas centrarte en los hechos, en qué producen en ti, y tal vez imaginas qué siente la otra persona, qué necesitas de ella, e incluso que puede necesitar ella de ti. Y tratando de acercarte a ella comienzas a balbucear algo así:

– Cuando dices eso me siento confundida porque lo que recibo de tus palabras es que temes que mi conducta haga que en el futuro mi hijo no sepa desenvolverse en sociedad, y eso choca tanto con mis expectativas en mi modo de crianza que pienso que tal vez no estás comprendiendo del todo, o no estoy mostrando bien, las razones por las que me comporto así. Me imagino que si sientes cierta desconfianza en mi modo de proceder tal vez quieras que te cuente un poco mejor mis razones, o incluso que te dé referencias de otros casos, teorías pedagógicas o estudios científicos que respalden esta postura, no lo sé, pero si es así, a mi me ayudaría que me explicaras primero tus temores al respecto, para comprenderte mejor y poder responderte con la claridad que necesitas.

Y entonces vuelves a respirar, esta vez con más calma, poniendo atención en escuchar al otro, para saber si has conseguido desactivar esta frase maligna y convertir un conflicto cotidiano en una oportunidad maravillosa para conectar con la otra persona.

¿Te parece que puede ser un buen comienzo en la comprensión mutua?

¿Te animas a darle la vuelta a las frases malignas?

¿Cómo responderías tú?


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